La Principal Verdad Incómoda. Génesis del Homo Súper-Depredador

Por Dr. Michel Odent

La Humanidad tiene que hacer frente a una gran diversidad de “verdades incómodas”. La cuestión del calentamiento global se ha convertido en un tema de gran actualidad. Otros ejemplos incluyen la sobrepoblación global, la destrucción de la capa de ozono, la contaminación de la cadena alimenticia marina, la crisis de la biodiversidad, las armas de destrucción masiva y el aumento de incidencias de numerosas enfermedades. Todas estas verdades incómodas se podrán considerar secundarias después de abordar la cuestión de quién es el responsable de los dilemas actuales. El ‘Homo superdepredador’ –el tipo de Homo que actualmente “domina” el planeta Tierra– está dotado de un increíble potencial de agresividad y sin duda es responsable de las amenazas a las que se enfrentará nuestra especie en el tercer milenio: esta es la Principal Verdad Incómoda.

Se prevé que un paso difícil será el digerir los conocimientos científicos y hacer que sean culturalmente aceptables. Los obstáculos ya son obvios en cuanto a las necesidades del recién nacido. La aceptación cultural del hecho de que un bebé recién nacido necesite a su madre, tiene algunas implicaciones prácticas visibles: por ejemplo hizo que el concepto del rooming-in se convirtiera en algo familiar seguido por el concepto del método canguro. Los datos científicos, sin embargo, no fueron fácilmente aceptados por el entorno cultural. Mientras los científicos se concentraban en la interacción madre-recién nacido, el entorno cultural interpretó los resultados afirmando que el recién nacido necesitaba, de forma inmediata, a sus padres. De repente se estableció la doctrina de la participación del padre en el parto.

Es como si una interacción madre-recién nacido sin interferencias culturales no fuera aceptable. De esta forma se dio un salto desde una generación de asistentes al parto que no tenían ni idea sobre lo que podía ser la interacción madre-recién nacido, a otra generación acostumbrada a un nuevo aspecto de la socialización del parto, la cual carece de conocimientos sobre la manera en la que pueda transcurrir un parto sin nadie alrededor de la mujer, más que la presencia de una matrona experimentada, madura, silenciosa y discreta.

Obstáculos de esta índole podrían retrasar una comprensión clara de las necesidades básicas de la mujer por parir. El efecto condicionante de miles de años de partos socializados se ha visto reforzado durante las últimas dos décadas gracias a la acumulación de mensajes visuales. Ha habido una verdadera epidemia de videos de supuestos ‘partos naturales’. El poder de lo visual es un enorme condicionante cultural. En la mayoría de estos casos se ve a una mujer rodeada de dos o tres personas (incluyendo un hombre), todos mirándola, ¡además de la cámara!. Estos partos se presentan como “naturales” porque la escena se desarrolla en casa o porque la madre está en cuatro patas o porque está en una piscina de parto. Pero el entorno es muy poco natural. El mensaje que se transmite es el siguiente: “no se puede dar a luz sin la participación de otras personas que aporten su pericia (coaching, gestión etc.) o su energía (apoyo etc.). ¿Podemos sobreponernos a un condicionamiento cultural tan fuerte?

Una interacción entre el conocimiento y la conciencia

En una época en la que la investigación científica avanza a una velocidad sin precedentes, todas las preguntas relacionadas con la supervivencia de nuestra especie inspiran preguntas sobre la capacidad humana de digerir el conocimiento científico. En otras palabras, la exploración de la interacción entre el conocimiento y la conciencia se está haciendo más decisiva que nunca.

Los conocimientos científicos pueden inducir y estimular una nueva conciencia. El descubrimiento de que un recién nacido necesita a su madre es un ejemplo típico de datos científicos constituyendo la base de una nueva conciencia.

Por otra parte, una nueva conciencia puede llevar a nuevos conocimientos científicos o a ayudar a evaluar la importancia de datos científicos. Además, demasiada información proporcionada por una disciplina altamente especializada puede convertirse en un obstáculo a una nueva conciencia. Un buen ejemplo es el gran número de mujeres obstetras quienes, según estudios británicos y americanos, programan una cesárea para el nacimiento de sus propios hijos y aceptan la operación como una forma rutinaria de dar a luz. Su postura se puede entender, puesto que son profesionales altamente especializadas y únicamente tienen en mente los resultados de innumerables ensayos aleatorios controlados. Estos últimos sugieren, según los criterios de rutina de la investigación médica, que una cesárea es una opción fácil y segura. Otras mujeres, que no se han visto influenciadas por el mismo tipo de información, han llegado a un nivel más avanzado de conciencia y consideran la vía abdominal como primer opción. La conciencia puede ser inducida por el ‘conocimiento’ intuitivo, anteponiéndose a los efectos que puedan conllevar los datos científicos.

La importancia de ser bilingüe

En todo el mundo hay núcleos de personas vanguardistas que poseen una capacidad especial de llegar a una nueva conciencia antes que los demás. Su responsabilidad consiste en ayudar a través de la iniciación y la divulgación de lo nuevo. Mientras intenten transmitir sólo su conocimiento intuitivo –mientras sólo hablen el “lenguaje del corazón”– su esfuerzo resultará infructuoso. Para tener influencia deben racionalizar su “instinto visceral”. Tienen que entrenarse para ser “bilingües” –es decir que tienen que aprender a combinar este “lenguaje del corazón”, con el lenguaje científico. Cada vez se hace más fácil combinar estos dos lenguajes.

Para ilustrar esta necesidad de ser “bilingüe” vamos a empezar con el ejemplo de aquellas personas que aceptan la cesárea como la manera preferida de recibir a un bebé. ¿Cómo podemos ayudarles a alcanzar otro nivel de conciencia? En el contexto científico actual, es fácil explicar que para dar a luz a los bebés y alumbrar la placenta todos los mamíferos tendríamos que liberar un “coctel de hormonas del amor”.

También es fácil recordar que, hasta hace poco tiempo –a pesar de las interferencias culturales– una mujer no podía tener un bebé sin depender de la liberación de un flujo de hormonas de este tipo. A nivel planetario, el número de mujeres que dan a luz y alumbran la placenta gracias a la liberación de un flujo natural de hormonas se está acercando a cero, puesto que muchas de las que todavía dan a luz por vía vaginal reciben sustitutos farmacológicos que obstaculizan la liberación de hormonas naturales.

Resumiendo: el parto se encuentra en un momento decisivo, las hormonas del amor están quedando de lado, surgen preguntas en términos de civilización y clarificamos en qué deben consistir nuestros objetivos. Estos no deberían ser la eliminación de la cesárea, que de hecho constituye una operación de rescate maravillosa. Nuestros objetivos deberían constituir la creación de condiciones para que el mayor número de mujeres posible pueda dar a luz a sus bebés y alumbrar las placentas gracias a la liberación de sus propias hormonas naturales. Este objetivo solo será realista el día en que las necesidades básicas de la mujer de parto sean bien comprendidas. Todos aquellos que, sin importar su procedencia, se dan cuenta de que el altamente inteligente Homo superdepredador es capaz de hacer inservibles a las hormonas del amor, se preguntarán lo que pasará con nuestra civilización si varias generaciones siguieran por el mismo camino.

De hecho, el lenguaje científico nos ayuda a darnos cuenta de, y racionalizar, la necesidad que tenemos para alcanzar una dimensión colectiva. Para esto no podemos usar a los animales como modelo. Entre los mamíferos no-humanos las consecuencias de interferir en el proceso de parto son espectaculares e inmediatas desde un punto de vista individual: en general la madre no muestra interés por su bebé. Entre los humanos hacen falta estudios a largo plazo, con cantidades enormes de sujetos, para poder detectar un efecto significante. Esto queda patente al explorar la Base de Datos de Investigación en Salud Primal. Por ejemplo, un estudio realizado con toda la población femenina sueca, nacida durante un período de tiempo de diez años, fue necesaria para demostrar que los partos con fórceps y ventosa son estadísticamente factores de riesgo significativos para desarrollar anorexia nerviosa; de la misma manera fue necesaria la inclusión de más de 50.000 varones nacidos en Jerusalén, durante un período de tiempo de ocho años, para demostrar que los resultados medios de inteligencia eran significantemente más altos en aquellos nacidos por fórceps o ventosa.

La Investigación en Salud Primal, perteneciente a la epidemiología, resulta una gran herramienta para ampliar nuestros horizontes en la urgente transición hacia el Homo ecologicus. ¿Será posible modificar de manera deliberada y consciente los rasgos dominantes del Homo superdepredador a través de lo que sería un proceso de modulación epigenética? ¡Será posible soñar con un paso tan fundamental en la historia de la Humanidad!

Dr. Michel Odent
Marzo de 2010

AUTOR: Dr. Michel Odent (Oise, Francia, 1930)
Michel Odent es un reconocido médico y obstetra francés. Fue Jefe de las Unidades de Cirugía y Maternidad del Hospital Público de Pithiviers entre 1962 y 1985, y posteriormente fundó en Londres el Primal Health Research Centre.
En los años 70 introdujo los conceptos de sala de partos como en casa y piscinas para partos en las maternidades hospitalarias. Es autor del primer artículo sobre literatura médica acerca de la utilización de las piscinas para partos (Lancet, 1983), así como del primero sobre la iniciación a la lactancia materna durante la siguiente hora al nacimiento.
Es el creador de la Base de Datos Primal Health Research (www.primalhealthresearch.com) y del sitio www.wombecology.com, con el propósito de transmitir el hecho de que la fase más decisiva de la ecología humana es la ecología pre- y perinatal.

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